sábado, 4 de junio de 2016

Un García Márquez íntimo


                  

     
     
    A fines del pasado mes de marzo nos reencontramos, en Madrid, con el periodista y escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, quien ha cumplido 85 años, y fue amigo desde la juventud de Gabriel García Márquez, y su compadre:  padrino del primer hijo del escritor (lo bautizó el padre Camilo Torres, luego guerrillero), hoy notorio cineasta. A su pluma debemos, además de sus novelas,  sus  diálogos con García Márquez en  “El olor de la guayaba” y la  biografía “Gabo. Cartas y recuerdos”.
      Hablamos de libros, naturalmente, y evocando los suyos,  Plinio me hizo no pocas historias de García Márquez íntimo.
       Se conocieron, a los veinte años, en un café de Bogotá. García Márquez, con un traje de color claro, se sentó a la mesa donde estaban Plinio y un amigo, sin saludarlos, pidió un “tinto” (un café) y dejó caer una mano bajo la espalda de la camarera. Plinio preguntó a su amigo quién era aquel hombre, y le respondió: “Lástima, tiene talento. Pero es un caso absolutamente perdido”.
      Luego, cuando Plinio vivía en París, se reencontró con “Gabo”, quien era corresponsal del diario “El espectador”. Y quedó sin trabajo. Esa Navidad de 1955, Plinio lo llevó a casa de unos amigos y al marcharse la dueña de casa lo censuró por haberlo llevado. Al salir de allí, “Gabo” corrió bajo la nieve, que nunca había visto. Jugaba como un niño. No lo olvida Plinio porque entiende que allí fue donde lo vio en su esencia.
     Lo ayudó en París. “Gabo” volvió al periodismo en Bogotá y editó sus primeros libros, que tuvieron muchos elogios y escasas ventas. Gracias a Plinio, después ingresó en Prensa Latina, la agencia cubana. Plinio lo envió a Nueva York.
     Finalmente, ambos renunciaron a la agencia periodística. Plinio porque rompió con el régimen castrista y “Gabo” por solidaridad con su amigo. Y se marchó desde Estados Unidos a México en ómnibus, con su esposa Mercedes y su primer hijo.
       Entonces escribió “Cien años de soledad”, y llegó la fama.
    En 1982 ganó el Premio Nobel. Plinio y sus amigos fueron con él a Estocolmo. Cuenta que “Gabo” vistió ropa interior térmica para poder usar un “liquiliqui” al recibir el Nobel. Su vida cambió totalmente, dice Plinio. Cambiaron sus amigos, que eran hombres de fortuna, y el escritor descubrió la música clásica y los buenos hoteles, dice Plinio.
     García Márquez le agradeció la biografía que sobre él estaba escribiendo.
   Y así, Plinio Apuleyo Mendoza dio a conocer su libro sobre el “caso perdido”, al que considera uno de los tres mayores novelistas de la literatura moderna.