domingo, 26 de marzo de 2017

Un diálogo con Rosa Montero



      Armoniosa, pequeña, ágil, generosa, locuaz, alegre, aguda. Impresiona su vivacidad. Y sus ojos negros, más grandes que la cara. Destacada periodista y novelista madrileña, Rosa Montero ha obtenido numerosos premios, entre ellos el Nacional de Periodismo y el Premio Primavera de Novela.
Entre sus títulos emblemáticos, destacan: "Te trataré como a una reina", "Amado amo", "Temblor", "Historias de mujeres", "Amantes y enemigos”, "La hija del caníbal”, “Pasiones”, “El peso del corazón” y la última “La carne”,  y libros periodísticos como, entre tantos, “La pasión de mi vida” y “Estampas bostonianas”.
Esquivando los temas de su mundo novelístico, nuestro diálogo tiene relación con los géneros literarios que cultiva,  y  de qué manera lo hace,  porque sin duda ellos tienen su sello personalísimo.
Siguen mis preguntas y sus respuestas.
            
        --¿El periodismo entorpece el literato, como decía Hemingway, o quien cultiva ambos, en verdad se enriquece?
            --Es tan evidente y tan obvio que no entiendo cómo la gente se hace tanto lío. Mira, el periodismo, el que tú y yo hacemos, es un género literario. Ser periodista de televisión, no. Pero éste, el nuestro, es un género literario exactamente igual que el otro; igual que la poesía, que la narrativa, que el ensayo. Lo que pasa es que tiene sus reglas y hay que atenerse a ellas.
             --Entonces podemos seguir escribiendo de los más tranquilos...
        --¡Hombre! Y es muy raro el escritor que cultiva un solo género. Lo normal es que sean ensayista y poeta. Octavio Paz, por ejemplo. Nadie se extrañaba de que Octavio Paz fuera ensayista y poeta, ni le preguntaban si su ensayo está contaminado por la poesía o la poesía por el ensayo. No, no. Y yo me considero una escritora que cultiva los géneros que son la narrativa y el periodismo. Y dentro del periodismo se puede llegar, además, a una altura literaria enorme. Pero claro, si haces periodismo como novela, harás mal periodismo; y si haces novela como periodismo, harás mala novela. Simplemente te tienes que atener a las reglas, como en los otros géneros.     
        --¿Y dónde está la frontera entre un género y el otro?
      --En el periodismo la claridad es un valor; cuanto menos ambigua sea una pieza periodística, mejor es. En narrativa la ambigüedad es un valor; cuanto más compleja, más paradójica, más llena de niveles e interpretaciones distintas, mucho mejor. Es que son muy divergentes. Tienes que hacer una cosa de una manera, y la otra cosa de otra manera. Así de sencillo.  
    --¿Cómo nace una novela, se desarrolla, crece y fructifica en tu imaginación?
        --Nace de un huevecillo, una cosa minúscula que se te pone dentro de la cabeza y que puede ser una frase, un concepto pequeñito, un personaje, unos ojos que has visto en la calle, un recuerdo... Y ese huevecillo va creciendo y creas un mundo y unos personajes, esos personajes van creando sus historias y, al final de unos dos años, tengo todo clarísimo. Es importantísima la voz narrativa, quién va a contar la historia. Y luego se me suele ocurrir el final de la novela, y luego se me suele ocurrir el principio; y así se va completando ese tránsito. Pero lo más importante es la arquitectura de la novela; ése es el mérito, ahí te la ganas. Cuando tengo todo eso en la cabeza, me siento a escribir.
             --¿Y para quién escribes?
           --Yo escribo para saber, para desvelar, para poner palabras a lo que no tiene nombre. Para poner una luz en las tinieblas.

domingo, 19 de marzo de 2017

Diálogo con Mario Vargas Llosa




            En este nuevo diálogo con Mario Vargas Llosa nos detenemos en cuatro figuras sobresalientes de la literatura, distantes, singularísimas, comprometidas a su manera con su tiempo. Me refiero a José Enrique Rodó, a Saint Exúpery,  Jean Paul Sartre y André Malraux. Están siempre presentes en la mente de ambos, por ello es fácil para mí preguntarle por ellos, como a él responder con lucidez y agudeza sobre sus obras. Siguen preguntas y respuestas.

            --Vamos concretamente a varios escritores, comprometidos con su tiempo, que han marcado la literatura y cuyo juicio me gustaría conocer hoy, sometidos al paso del tiempo. Ellos son José Enrique Rodó, Saint Exúpery, Sartre y André Malraux.
--Yo tengo mucha admiración por Rodó. Yo creo que fue un gran prosista, en primer lugar, y luego un pensador generoso, que tuvo una visión idealista de América. Seguramente, su visión está muy condicionada, en parte, por mitos de la época Pero su idealismo, su fe en los grandes valores, su creencia en la cultura como un instrumento civilizador, modernizador, que crea una comunidad espiritual más importante que aquellas que marcan las fronteras, y su visión profundamente americanista, ello, me parece que sigue siendo muy válido, ¿no? Por otra parte, hay que destacar los aspectos puramente literarios, de la prosa y de la cultura de Rodó… El caso de Sartre a mí me parece --a diferencia de lo que ocurre con muchos franceses que han celebrado estos veinte años como un retorno, como una reivindicación de Sartre-- el de un pensador de una época que muy difícilmente volverá a tener vigencia. Creo que Sarte, con toda su inteligencia y la influencia que llegó a tener, está como fechado. Se equivocó mucho más de lo que acertó en el campo político. Yo creo que esa frase del escritor catalán Joseph Pla sobre el escritor Marcuse, es una frase que se podría aplicar, quizá con más justicia que a Marcuse, a Sartre:  “contribuyó más que nadie a la confusión contemporánea”. Creo que políticamente Sartre fue un hombre que se equivocó sistemáticamente, que contribuyó muchísimo a desvalorizar la democracia, a justificar el socialismo, el colectivismo, aún con los peores crímenes, en nombre de una historia que la realidad contemporánea ha desmentido y ha desechado. De manera que esa obra, para mí, hoy en día, no tiene vigencia, sino que probablemente la va a tener menos en el futuro. Ah!, y el otro caso que tú citabas, Saint-Exupery…, bueno, a mí me parece un magnífico escritor. Yo leí con gran entusiasmo sus novelas (aunque “Ciudadela” me parece un libro muy bello, como prosa), pero, sobre todo las novelas, esas novelas de acción, de un aventurero, llevadas a un nivel como las de Malraux, llenas de inteligencia, de lucidez, de héroes que se distancian de sus propias hazañas gracias al intelecto, a la cultura, al examen crítico. Son novelas muy ricas, muy fascinantes. No las he vuelto a leer, a las de Saint Exupery, pero las leí con gran entusiasmo cuando joven.
--Y bueno, ahora que hemos llegado a Malraux, recordemos que estuviste presente  cuando fue depositado en el Panteón en París.
--Sí, fue un honor para mí… Y es que yo le tengo una gran admiración a Malraux. Yo creo que es uno de los grandes escritores del siglo veinte. Por desgracia hoy no tan leído ni tan admirado como debía ser, yo creo que por razones políticas, porque la última etapa de Malraux fue mucho más la de un político que la de un escritor. Y eso ha hecho que se pierda un poco la perspectiva sobre la importancia de su obra. Sin embargo, mira, sus novelas, y también algunos de sus ensayos, a mí me parecen de una inmensa riqueza intelectual. Y sobre todo “La condición humana”, llena de un vigor y una fuerza contagiosa… Yo la volví a leer no hace mucho, para escribir justamente un ensayo sobre ella, y a pesar de haberla leído ya varias veces, a mí me conmovió, me impresionó, me llevó desde la primera línea hasta la última como hechizado, como las grandes novelas. Así que sigo convencido de que “La condición humana” es una de las grandes novelas que se han escrito el siglo veinte.

domingo, 12 de marzo de 2017

Diálogo con Arturo Pérez-Reverte
                 



          Arturo Pérez Reverte (Cartagena, España, 1951) es autor de una vasta  y difundida obra literaria, donde destacan “El maestro de esgrima”, “La tabla de Flandes”, “Territorio comanche”, “El Club Dumas”, la serie de “Las aventuras del capitán Alatriste”, “El francotirador paciente” y, en fin, la reciente “Falcó”  (Alfaguara).  Varias de ellas han sido llevadas al lenguaje del cine.
Pérez-Reverte fue veintiún años reportero, especialista en temas de terrorismo y obtuvo el Premio Asturias de Periodismo por su cobertura para TVE de la guerra de la ex/Yugoeslavia. Integra la Real Academia Española.
Siguen momentos del extenso diálogo que he mantenido con el famoso escritor español.

--¿Cuando nació tu  vocación por la escritura de ficciones?
--Soy un escritor tardío; empecé a los 35 años cuando escribí una novela por casualidad, para contar un episodio. Y como funcionó, escribí otra. Como también gustó, hice la tercera y se convirtió en un éxito. Y así me encontré convertido en un escritor exitoso sin habérmelo propuesto, cosa que, por otra parte, me alegra muchísimo.
             --¿Es cierto, como leí en algún lugar, que tú dijiste que te gustaría ser un escritor de minorías?
--No, no… Mira, eso ha sido una broma de mi parte que han tomado en serio. Me gusta contar historias y me gusta que se lean. Conseguirlo, lo considero un gran premio. Cuando veo en una librería mis libros, allí, entre Vargas Llosa y Stephen King, bueno, eso me llena de satisfacción y de orgullo…
             --¿Cuál es tu relación con el cine?
-- Mi relación con el cine es accidental, debida a los amigos, sabes, que me piden un guión y esas cosas, pero nada más. Lo mío es la literatura. Voy al cine, veo las películas y algunas me gustan y otras menos; es lo que ha pasado cuado he visto películas sobre mis libros, que unas me gustan y otras no tanto. Lo mío no es el cine, es la literatura. Aunque el cine te deja buen dinero…
--Lo tuyo, podríamos decir, que es la literatura y el mar…
--Sí. Soy escritor y marino. Escribir es hacerse un nido, como las aves, es organizar el mundo para hacerlo más confortable. Y el mar, sabes, es como la vida. Es un lugar peligroso, bonito, donde estás solo y dependes de tí mismo. Es lo que a mí me gusta.
--¿Y no sientes nostalgias del tiempo en que fuiste periodista, reportero?
            --No, no, para nada. Aquello está fuera de mi vida. Siento nostalgias de la juventud, pues ahora echo en falta aquellos años, veinte años, treinta años, en los que había inocencia, amigos, buena forma y salud.
--Sí, cuando éramos inmortales…
--¡Hombre!, qué bien lo has dicho…


lunes, 6 de marzo de 2017

Diálogo con Martin Amis



           Martin Amis (hijo del famoso novelista Kingsley Amis) nació en Oxford, Inglaterra, en 1949. Trabajó como periodista y sus artículos se pueden leer en el libro “Visitando a Mrs. Nabonov”. Como novelista debutó con “El libro de Rachel”, obteniendo el premio Somerset Maugham. Otras de sus conocidas novelas son: “Dinero!”, “Campos de Londres”, “La flecha en el tiempo” y “La información”. Entre sus títulos más recientes, tenemos La casa de los encuentros”, “La viuda embarazada”, “Lionel Asbo: El estado de Inglaterra” y “La zona de interés” (todas ellas editadas por Anagrama/Gussi).
           Sigue uno de nuestros diálogos sobre tarea de escritor,  merecedor de numerosos premios internacionales y considerado una de las plumas fundamentales de las letras inglesas de hoy.

--¿Cómo elige los titulos para sus libros?
--Hay dos tipos de títulos. El que está implícito, el obvio, ese que forma parte del libro. Y el otro, que es como dar nombre a un hijo; éste lo eliges en el momento adecuado, y suele ser al final. Yo prefiero el primer tipo. Mi novela “Campos de Londres” es un buen ejemplo en ese sentido: hasta el sonido era importante… A mi padre le gustaba ese libro;´él me decía “será importante”. Y como yo se lo había dedicado, me decía que lo estaba desperdiciando…
--Cómo fue su relación con su padre?
--Muy buena… Hablábamos mucho de nuestro trabajo. Nos divertíamos haciendo juegos de palabras. Teníamos largas conversaciones por teléfono. El era un escritor satírico, como yo, y nuestra única diferencia es la época, la época de cada uno. Eso es lo que me parece a mí.
--¿Qué escritores le entusiasman?
--Me gustan mucho Naipaul, Saul Bellow, Nabokov, Kafka, Borges, De Lillo…
--¿Y autores latinoamericanos? --pregunté, señalando en su remera el nombre estampado de García Márquez.
--No lo conozco a Márquez… No me gusta demasiado leer traducciones.
--¿Y  Vargas Llosa? --dije, casi mecánicante.
--Tampoco…
--Siempre se escribe el mismo libro, como la mayoría de los escritores,  cambiando aspectos de la historia esencial que narran, y me responde:
--Saul Bellow tiene un solo tema y Graham Greene también. Yo tengo uno o dos temas… Greene es muy esquemático: por ejemplo, el infiel, en el amor, siempre muere en sus novelas.
¿Conoció a Graham Greene, que fue muy amigo de su padre?
--Fui a ver a Graham Greene cuando cumplió ochenta años, a un restaurante, para hacerle una entrevista. Estaba acompañado por su mujer, que tenía veinte años menos que él: ella vestía una chaqueta de cuero muy ajustada y estrechos pantalones de cuero y zapatos con unos tacos muy altos… Era muy agradable, pero un poco escandalosa y todo el mundo estaba pendiente de ella. Era impresionante; y él estaba orgulloso de ella, quería escandalizar, también.
Y,  para terminar, ¿qué tal Chesterton?
--Lo leí mucho en la época de la adolescencia. Mi padre lo admiraba profundamente. Chesterton era un hombre sabio. Una vez dijo: “Cuando la gente deja de creer, es porque cree en todo”.